Hemorroides: grados, síntomas y opciones de tratamiento
Las hemorroides son uno de los motivos de consulta más frecuentes y, a la vez, uno de los que más cuesta plantear por pudor. En la mayoría de los casos se controlan sin cirugía, pero hay un matiz que no debe pasarse por alto: el sangrado al defecar nunca debe darse por sentado como «solo hemorroides» sin que lo valore un médico.
Las hemorroides son muy frecuentes y la mayoría mejora con hábitos (fibra, hidratación, no forzar) y técnicas sencillas de consulta; solo una minoría necesita cirugía. Importante: el sangrado rectal siempre debe valorarlo un médico para descartar otras causas. Los resultados varían según cada persona.
Qué son las hemorroides y por qué aparecen
Las hemorroides son unas estructuras de venas que todos tenemos en la zona del ano y el recto y que ayudan al control de la continencia. El problema, lo que llamamos coloquialmente «tener hemorroides», aparece cuando esas venas se dilatan e inflaman y empiezan a dar síntomas.
Detrás suele haber un aumento de presión mantenido en esa zona. Los factores que más influyen son el estreñimiento y el esfuerzo al defecar, una dieta baja en fibra, el sedentarismo, el sobrepeso, el embarazo y los antecedentes familiares. No es una cuestión de higiene ni algo de lo que avergonzarse: es un problema mecánico y muy común.
Síntomas: cómo se notan
Los síntomas dependen de si las hemorroides son internas (dentro del canal anal) o externas (en el borde del ano):
- Hemorroides internas: su signo más típico es el sangrado, que se ve como sangre roja y brillante al limpiarse o en el inodoro, habitualmente sin dolor. En grados avanzados pueden asomar al exterior (prolapso).
- Hemorroides externas: dan más molestia, picor, escozor o hinchazón, y se notan como un bulto en el borde del ano. Cuando se forma un coágulo dentro (trombosis), pueden doler de forma intensa y brusca.
Que las molestias sean leves no significa que haya que resignarse a convivir con ellas: hoy existen tratamientos eficaces para casi todos los grados.
Los grados de las hemorroides
Las hemorroides internas se clasifican en cuatro grados, según cuánto prolapsan (asoman) al exterior. Esta clasificación guía el tratamiento:
- Grado I: no prolapsan; pueden sangrar, pero no salen al exterior.
- Grado II: prolapsan al hacer esfuerzo y se reducen solas al terminar.
- Grado III: prolapsan y hay que reintroducirlas con la mano.
- Grado IV: quedan fuera de forma permanente y no pueden reintroducirse.
Como norma general, los grados leves (I y II) responden bien a medidas conservadoras y a técnicas sencillas de consulta, mientras que los grados avanzados (III y IV) o los que no mejoran con lo anterior son los que con más frecuencia acaban planteando cirugía.
Sangrado al defecar: por qué no debe autodiagnosticarse
Este es el punto más importante del artículo. El sangrado por el ano es el síntoma estrella de las hemorroides, pero no es exclusivo de ellas: otras causas, algunas serias, también sangran. Por eso, ante un sangrado rectal —sobre todo si es la primera vez, si cambia de aspecto, si se acompaña de cambios en el ritmo intestinal o si aparece a partir de cierta edad— lo prudente es consultar para confirmar el origen.
En muchos casos, el médico querrá descartar otras causas mediante una exploración y, si procede, una prueba como la colonoscopia. Atribuir el sangrado a las hemorroides sin valoración puede retrasar el diagnóstico de otros problemas. No se trata de alarmar, sino de hacer las cosas con criterio.
Tratamiento conservador: fibra, hidratación y hábitos
La base del tratamiento, y lo primero en casi todos los casos, no es el quirófano: son los hábitos. El objetivo es que las heces sean blandas y salgan sin esfuerzo, porque así se descarga la presión sobre la zona. Suele recomendarse:
- Aumentar la fibra (fruta, verdura, legumbres, cereales integrales) y, si hace falta, suplementos de fibra.
- Beber suficiente agua a lo largo del día.
- Hacer actividad física de forma regular y evitar el sedentarismo.
- No forzar ni prolongar el tiempo en el inodoro.
A esto pueden sumarse, de forma puntual y siempre orientados por un profesional, tratamientos tópicos (cremas o supositorios) que alivian los síntomas durante una crisis. Con estas medidas, buena parte de las molestias mejora sin necesidad de nada más.
Técnicas en consulta: cuando lo conservador no basta
Si los síntomas persisten pese a los hábitos, existe un escalón intermedio de técnicas instrumentales que se realizan en la propia consulta, de forma ambulatoria y para grados leves o moderados. La más extendida es la ligadura con banda elástica: se coloca una pequeña goma en la base de la hemorroide interna para cortarle el riego, de modo que se seca y se desprende en unos días. Es un procedimiento breve, que no suele requerir anestesia, aunque puede dar alguna molestia o sensación de presión.
Otras opciones de este grupo son la esclerosis (inyección de una sustancia que reduce la hemorroide) y la fotocoagulación con infrarrojos. La técnica concreta se elige según el grado y las características de cada caso.
Cuándo se opera y qué técnicas hay
La cirugía se reserva para una minoría —en torno al 10 % de los casos—, sobre todo hemorroides de grados avanzados (III y IV) o que no han respondido a los tratamientos anteriores. No hay una única técnica; su cirujano le explicará la más indicada:
- Hemorroidectomía: la extirpación quirúrgica del tejido hemorroidal. Es muy eficaz y resolutiva, pero el postoperatorio puede ser molesto durante los primeros días.
- Ligadura de la arteria hemorroidal (HAL/Doppler): en lugar de extirpar, localiza y liga la arteria que nutre la hemorroide y fija el tejido, con el objetivo de reducir el dolor postoperatorio.
- Otras técnicas, como las basadas en láser, que su especialista valorará según el caso.
La elección depende del grado, de los síntomas y de sus circunstancias. Como en cualquier intervención, existen riesgos y los resultados varían de una persona a otra, algo que se comenta siempre antes de decidir. Puede consultar nuestro abordaje en coloproctología y hemorroides y fístulas anales.
La hemorroide trombosada: cuándo acudir antes
Hay una situación que suele asustar por lo brusca: la trombosis de una hemorroide externa. Aparece de repente un bulto duro y doloroso en el borde del ano, por la formación de un coágulo. No es peligrosa, pero sí molesta, y tiene una ventana de tratamiento: cuando el dolor es intenso, en las primeras 48 horas puede valorarse un pequeño procedimiento para evacuar el coágulo y aliviar de inmediato. Si nota ese cuadro, consulte pronto en lugar de esperar a que pase solo.
¿Tiene molestias o sangrado y no sabe si son hemorroides?
En IMCAD Clinic valoramos su caso con discreción y le explicamos las opciones más adecuadas, del cuidado conservador a la cirugía.
Solicitar una valoración o llámenos al +34 659 692 554Preguntas frecuentes
¿Las hemorroides se curan solas?
Muchas crisis leves mejoran con hábitos (fibra, hidratación, no forzar) y cuidados durante unos días. Sin embargo, si son recurrentes o de grado avanzado, tienden a reaparecer, y ahí es donde ayudan las técnicas de consulta o la cirugía. Convivir con síntomas continuos no es necesario.
¿El sangrado al defecar es siempre por hemorroides?
No. Aunque las hemorroides son la causa más frecuente, el sangrado rectal puede deberse a otros problemas, algunos importantes. Siempre debe valorarlo un médico para confirmar el origen, especialmente si es nuevo, cambia o se acompaña de otros síntomas.
¿Cuándo hay que operar las hemorroides?
La cirugía se plantea en una minoría de casos: sobre todo grados avanzados (III y IV) o cuando fracasan las medidas conservadoras y las técnicas de consulta. La mayoría de las personas no llega a necesitar quirófano.
¿Duele la ligadura con banda?
Suele ser un procedimiento breve y bien tolerado, sin necesidad de anestesia, aunque puede notarse alguna molestia o sensación de presión durante unos días. Su médico le explicará qué esperar en su caso.
¿Cómo se pueden prevenir las hemorroides?
Ayuda mucho una dieta rica en fibra, beber suficiente agua, hacer ejercicio, evitar el estreñimiento y no prolongar el esfuerzo en el inodoro. Estos hábitos previenen y también reducen las recaídas.
